Sábado, 16 de diciembre de 2017

LA PIZARRA

Albert Tubella Responsable Equipos Nacionales por Edades Natación

"Me he vuelto fondista, hoy nado 1.500…"

Apenas hace un par de fines de semana hemos iniciado ya el calendario de competiciones territoriales para esta temporada 2015—2016. En una de estas, a la que asistí de manera particular pero al mismo tiempo aproveché para observar las evoluciones de algunos de los nadadores de los diferentes equipos nacionales, se me acercó un nadador con un amplio “currículum internacional”, y me dijo: “Ahora me he vuelto fondista, hoy nado 1.500…”

No es la primera vez que alguien me dice esa frase y seguro que muchos de vosotros también la habéis oído alguna vez. Por algún equivocado y falso motivo, existe una conciencia demasiado arraigada en nuestra natación de edades y de formación en catalogar o “encasillar” a nadadores/as jóvenes, dentro de parámetros de distancia y/o estilo.

Echando un vistazo a los rankings nacionales, hemos observado en las últimas temporadas un exceso de nadadores/as en categorías infantil y junior cuyo abanico de pruebas es sorprendente y preocupantemente escaso. Son demasiados los nadadores/as que en sus programas de competición habituales, tan solo incluyen 2—3 pruebas olímpicas. De tal manera que, cuando analizamos su historial de pruebas, suelen estar faltos, o de pruebas de medio—fondo o fondo, o de pruebas de velocidad, o bien de pruebas de varios estilos.

En este último apartado, hemos observado que son también demasiado numerosos los nadadores que tan solo son capaces de competir en uno o dos estilos de competición, siendo de este modo incapaces de competir en todos los estilos del calendario olímpico, o en pruebas de estilos individuales, tanto en el 200 como en el 400.

CONTROL DE LOS PROGRAMAS

Es muy importante y necesario que llevemos siempre un control estricto de nuestros programas de entrenamiento y competición, para de este modo promover y estimular algo tan importante en cualquier nadador en formación: su versatilidad. Tanto en entrenamiento como en competición. Una versatilidad encaminada tanto a la capacidad de competir en pruebas de diferentes estilos, como en la capacidad de competir en distintas distancias de competición, desde los 50 hasta el 1.500.

Competir en una prueba de 1.500 no tiene nada que ver con estar entrenando como un fondista, o estar técnica o “genéticamente” dotado para ello. Poder competir en una prueba de 1.500 en edades de formación tan solo pasa porque nuestro programa de entrenamiento cubra unos mínimos imprescindibles a niveles técnicos y fisiológicos.

Cualquier programa de jóvenes debe permitir a sus integrantes poder competir en la distancia más larga sin problemas, bien sea a manera de control del rendimiento, bien sea con objetivo formativo y educativo, bien sea como objetivo competitivo. Nuestros programas con jóvenes deben permitir que todos sus nadadores obtengan la preparación básica imprescindible en estas categorías para que sus deportistas puedan afrontar el reto de competir en la prueba más larga del programa olímpico en piscina sin ningún problema para ellos.

En otras palabras, competir en el 1.500 tiene que ver básicamente con la calidad de nuestros programas de entrenamiento, con nuestra formación, y con nuestra educación, no con una prematura especialización, con la genética, o con la calidad técnica de nuestros nadadores/as.

Del mismo modo, como he dicho, poder competir en las pruebas de estilos, o en cualquier prueba de los cuatro estilos, pasa, no por la especialización, sino por tener un programa que al mismo tiempo cumpla los requisitos imprescindibles técnicos y fisiológicos, en estas categorías.

Formar y educar a nuestros jóvenes en los cuatro estilos es un proceso muy temprano que si no afrontamos correctamente en edades sensibles, probablemente nos llevará a una gran limitación en nuestra preparación y rendimiento futuros.

EDADES SENSIBLES

Probablemente muchos de estos nadadores que ahora no son capaces de competir en varios estilos de competición sea debido a que, en sus edades sensibles para ello, no lograron realizar el trabajo pertinente. Pero, en sentido contrario, seguro que todos también habéis escuchado esta frase: “Ahora me he vuelto velocista, nado 100 …”

Es igual de preocupante y erróneo no incluir en nuestras programaciones la competición en pruebas de distancias largas y/o de varios estilos, como evitar que nuestros nadadores tengan en sus programas de preparación y de competición, u participación de manera bien programada, en pruebas de 100, e incluso puntualmente, de 50 metros.

El desarrollo del rendimiento en estas pruebas está muy vinculado al dominio de ciertas habilidades acuáticas, y a la estimulación de aspectos fisiológicos que son necesarios también en el rendimiento en cualquier otra prueba del calendario olímpico de distancia superior.

En el caso de los nadadores/as encaminados hacia las pruebas de fondo (800—1.500), es un error importante no programar y no trabajar también para la mejora de las distancias más cortas (100—200—400). Por ello, no programar tareas y competiciones para mejorar las pruebas más rápidas del calendario en los programas de todos nuestros nadadores, incluidos aquellos a los que queremos especializar futuramente en 1.500 o incluso en Aguas Abiertas, es una limitación muy importante en su rendimiento actual y futuro en todas las pruebas del programa olímpico.

Aprender y saber “nadar rápido” es necesario. Y siempre que respetemos los sistemas de entrenamiento apropiados para ello en cada categoría de edad y evitemos la especialización en ellas, es una necesidad que nuestros programas deben contemplar en la mesura necesaria.

FALTA DE EQUILIBRIO

En la actualidad existe una gran cantidad de nadadores en formación, dedicados exclusivamente al trabajo para las pruebas más cortas, especialmente de 50. Ya sea por la necesidad de sus técnicos y clubes, o por la popularidad de las mismas. Esta exclusiva dedicación al entrenamiento para estas pruebas, y la falta del equilibrio necesario en la preparación y competición de otras pruebas olímpicas del calendario, están limitando su formación global y de futuro.

Probablemente con un mayor equilibrio en sus programas de entrenamiento, muchos de ellos lograrían no solo seguir mejorando su rendimiento en las pruebas olímpicas de velocidad (100) sino, al mismo tiempo, mejorar su rendimiento y su competitividad en otras pruebas del calendario , algunas de ellas probablemente más acordes a sus condiciones físicas y fisiológicas en un presente y futuro próximos.

En definitiva, los atletas más jóvenes necesitan nadar frecuentemente distancias más largas, y en cualquiera de los cuatro estilos. Eso ayuda a la mejora de su formación, su educación, y sobre todo a la mejora de sus capacidades fisiológicas específicas. Por ello, nuestros programas deben contemplar este factor. Pero, además, tienen que nadar también distancias más cortas, ya que con ello mejoran y estimulan aspectos físicos y técnicos, necesarios en todas las otras distancias olímpicas.

Un programa de grupo de edad va a prosperar adecuadamente cuando se tienen semanalmente ambas situaciones en la proporción adecuada. Planificar en tan solo una de estas tareas a nuestros nadadores/as nos va a limitar durante la temporada y en su formación global. Independientemente de hacia dónde encaminemos finalmente la futura especialización el nadador.



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